ADMINISTRACIÓN NEURÓTICA VERSUS ARQUITECTURA PSICÓPATA (II)

Javier Fernández Muñoz

Arquitecto municipal de Santiago de Compostela

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Debemos crear una estructura que debe ser independiente del punto de vista concreto sobre las decisiones que determinan la intervención sobre el territorio y su desarrollo urbanístico. Insisto que no se trata todavía de una cuestión política. Se trata de oficio. Debe responder a una condensación de conocimientos: los del jurídico y el administrativo, el arquitecto y el ingeniero, el geógrafo y el historiador, el arqueólogo, el paisajista, el sociólogo, el informático… y muchos otros, y no necesariamente en este orden, destilada en una herramienta que estructure, asegurando la calidad de su desarrollo, el marco normativo que debe regular el proceso de intervención en el territorio.

Se trata pues de una estructura “herramienta”, no-laberíntica, no-confusa, no-densa, no-especializada, por lo menos en forma y apariencia, un esquema didáctico en sí mismo, en su propia representación, que se explique en pocos pasos… susceptible de ser entendida casi “por cualquiera”, de ser aprehendida por la sociedad. Debe ser una lección magistral de orden, una guía que asegure la calidad y coherencia de las normas que luego le darán sentido al proceso en general.

Detengámonos un momento en el siguiente texto sobre el modelo de interconexión de sistemas abiertos creado por la Organización Internacional para la Estandarización (ISO) en el año 1980 como marco de referencia para la definición de arquitecturas en la interconexión de los sistemas de comunicaciones (http://es.wikipedia.org/wiki/Modelo_OSI):

A principios de 1980 el desarrollo de redes originó desorden en muchos sentidos. Se produjo un enorme crecimiento en la cantidad y tamaño de las redes. A medida que las empresas tomaron conciencia de las ventajas de usar tecnologías de conexión, las redes se agregaban o expandían a casi la misma velocidad a la que se introducían las nuevas tecnologías de red.

Para mediados de 1980, estas empresas comenzaron a sufrir las consecuencias de la rápida expansión. De la misma forma en que las personas que no hablan un mismo idioma tienen dificultades para comunicarse, las redes que utilizaban diferentes especificaciones e implementaciones tenían dificultades para intercambiar información. El mismo problema surgía con las empresas que desarrollaban tecnologías de conexiones privadas o propietarias. “Propietario” significa que una sola empresa o un pequeño grupo de empresas controlan todo uso de la tecnología. Las tecnologías de conexión que respetaban reglas propietarias en forma estricta no podían comunicarse con tecnologías que usaban reglas propietarias diferentes.

Para enfrentar el problema de incompatibilidad de redes, la Organización Internacional para la Estandarización (ISO) investigó modelos de conexión como la red de Digital Equipment Corporation (DECnet), la Arquitectura de Sistemas de Red (Systems Network Architecture) y TCP/IP a fin de encontrar un conjunto de reglas aplicables de forma general a todas las redes. Con base en esta investigación, la ISO desarrolló un modelo de red que ayuda a los fabricantes a crear redes que sean compatibles con otras redes.

Sin este esfuerzo en los años 1980, el mundo de hoy no existiría, sería otro. Fue un esfuerzo de organización, de protocolarización, de comunicación al fin y al cabo. De necesaria subsistencia. Cada fabricante, cada organización o administración, pública o privada, debía ajustarse a unas ciertas normas, y si no, no encajaría en el mundo… se quedaría aislada. Aquí no hay orientaciones socio-políticas, las consideraciones morales sobre las posibilidades y uso que se hace de la red vienen luego, primero tiene que funcionar…

Volviendo a nuestro caso y utilizando esta referencia como acicate (lejana pero muy esclarecedora en mi opinión), ¿no hubiera sido esencial haber reaccionado de manera similar en los años 80 sobre todo lo que se refiere al proceso de ocupación y uso del territorio,…?. Una correcta y eficaz estructura marco condicionaría obligatoriamente a su vez una simplificación y correcta estructuración interna de las distintas normas que la desarrollen.

¿Acaso no deberían estas pasar una especie de “control de calidad”, como las máquinas y los electrodomésticos…?.

Una vez simplificado y “protocolarizado” de forma estable el proceso general de intervención sobre el territorio, podríamos centrarnos luego en lo que ya no es posible, ni deseable, simplificar: la oportunidad de desarrollo cultural que representa cada acto concreto de intervención sobre el territorio.

Es ahí, en este proceso donde se juntan los impulsos socioeconómicos y culturales de la sociedad y sus necesidades con la capacidad técnica y creativa de las distintas profesiones que intervienen, donde debemos detenernos todo el tiempo que haga falta, redefiniéndolo todo lo que sea necesario.

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