Debate: Sobre la toma de decisiones que afectan a Urarte [1]

Los instrumentos de gestión y poder I

 Redacción

pdf

 Los Planes Generales de Ordenación Municipal: un cáncer lleno de problemas. Y otras precisiones:

1.- El PGOM, un cáncer lleno de problemas

  • Los PGOMs nacen de un error inicial de pésimas consecuencias: ordenar urbanísticamente todo un ayuntamiento cuando no hay motivo ni necesidades manifiestas que lo exijan. Es decir, poner la venda antes que la herida. Los PGOMs son inútiles en ayuntamientos pequeños que no están en fase de expansión demográfica; se convierten en un gasto inútil con el peligro de empeorar las cosas. Por otra parte, las zonificaciones y calificaciones del suelo que llevan consigo obedecen a criterios urbanísticos desvinculados de las necesidades y evoluciones del sector primario.
  • En consecuencia, para hacer un PGOM se buscan soluciones a problemas o a demandas que no existen, mediante criterios artificiosamente establecidos por técnicos ajenos a la realidad. Esto no se enmienda mediante los plazos de exposición y alegaciones pertinentes, que son siempre dirigidas a salvaguardar derechos individuales, o a lograr un beneficio con el que no se contaba antes de la confección del PGOM.
  • Los municipios deben buscar soluciones a los problemas reales, según se presenten, y nada más. Las categorías (suelo rústico, urbanizable etc.) muestran no ser útiles: interrumpen la dinámica real y viva de un territorio, con toda frecuencia para disgusto de muchos. Sin olvidar que cada vez que el planificador traza una línea en el mapa está repartiendo fortuna, o privando de ella.
  • La ordenación territorial ha de ser sectorial. Lo urbanístico es sólo urbanístico, y no otra cosa. Ahora todo aparece mezclado. La naturaleza  de estos problemas se aprecia bien en la génesis de esta actividad planificadora territorial-urbanística, que está en disposiciones de la Constitución Española, y con cierto retraso. A partir de 1995 todo se mezcla y se inicia una carrera hacia una planificación global que, de hecho, pone puertas al campo en su dinámica propia, y trata de imprimirle otra, ajena.
  • El camino es otro. Necesitamos una política territorial omnicomprensiva (¡no una planificación!) y a partir de ahí, dictar leyes sectoriales para solucionar problemas reales, no inventados.

2.- Sobre la legislación, en general, y la ejecución de las normas

  • El gobierno dicta normas según su conveniencia, no según las necesidades reales.
  • Antes de hacer leyes es preciso identificar los problemas que se quieren atender, con participación de los afectados. Debe contarse con la opinión de un grupo o foro de expertos y técnicos independientes
  • Los que ejecutan/aplican las normas deben ser técnicos especializados, no politizados.
  • La mejor norma no garantiza nada, debido a la politización (injerencia del gobierno en el trabajo de los técnicos). Los objetivos de la clase política determinan la gestión. Ergo: la norma no es lo básico-eficaz; la gestión sí. Malas normas con buena gestión pueden dar resultados positivos, y viceversa. Una buena política administrativa en materia de Paisaje podría ser un elementos vertebrador entre sectores si es correctamente aplicada, a pesar de la eventual indefinición de la ley y la ausencia de normativa reguladora.

3.- Sobre la Administración y sus problemas

  • El conjunto de las normas que afectan a una cuestión está fragmentado en varias oficinas (Consejerías), de modo que la tramitación de un proyecto se resiente: cada Consejería va por su lado, sin conexión con las otras afectadas, y puede darse que el expediente reciba distintas calificaciones en unas y otras. Hay inseguridad jurídica para el administrado y discrepancias en los informes de concesión de permisos entre los sectores administrativos implicados; se necesita un organismo aglutinador que impida la excesiva ‘sectorización’ en la concesión de permisos.
  • Administrativamente hay muchos puntos oscuros, por ejemplo no está claro qué es el ‘patrimonio construido’. Si no hay la necesaria transparencia y claridad, no se sabe si algo está protegido o no, y esto está sucediendo en la práctica. Hay indefinición, por ejemplo, en el propio concepto de ‘edificio histórico’. Falta transparencia en la redacción de leyes. Los departamentos administrativos implicados no intervienen en el proceso. No se corrigen las carencias en las sucesivas modificaciones.
  • Hay una fuerte descoordinación normativa. De modo que a veces la norma de un sector impide el desarrollo de otros. La fragmentación e incluso contradicción entre competencias diversas de la Administración (por ejemplo, en las franjas de protección de 50-100-200 metros) crean situaciones sin salida para el administrado, que ve lesionados sus verdaderos derechos. Esta misma fragmentación explica que no haya visiones de conjunto del problema de los incendios. Y así es posible, también, que unas parcelas (resultado de la concentración parcelaria), si han ardido, según la ley pasen a ser de protección forestal, bien lejos de lo que se pretendía. La ausencia de una verdadera directriz política lleva al fracaso técnico-administrativo.

4.- Necesidad de un foro de debate entre expertos de distintas materias que complemente y asesore la actividad de los representantes políticos.

5.- La planificación territorial es imprescindible

  • Ni que decir tiene que estas reflexiones no quieren decir que la planificación del territorio no deba existir.  Sin planificación el País sería una selva regida por su propia Ley, de modo que la planificación territorial viene a ser la racionalidad frente al caos, un aspecto básico de eso que llamamos civilización, presente en todos los estados de cierta entidad y complejidad de cierto nivel de desarrollo histórico, notoriamente en el mundo greco-romano con sus grandes figuras como Hipodamos de Mileto y Vitruvio, que aun hoy se estudian con provecho.
  • La ordenación y consiguiente planificación  del territorio deben ser, en efecto, Cuestión de Estado, como las Fuerzas Armadas. El presente texto sólo trata de poner en cuestión la lógica interna (o, mejor, su ausencia) y las enormes deficiencias del actual proceder. Además, mala tiene que ser una norma para que su praxis se convierta en la negación de sus aspiraciones teóricas.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Website