Hola Gerardo

3/5/2015

…desde los rincones primogénitos…

Hola. Ya te has ido pero permaneces. Tus imágenes remanentes recorren la alacena de mi memoria. Tus palabras calurosas se mantienen juguetonas entre yunques y martillos y neuronas y sentidos. Y dentro. Muy adentro. Igual que mi rincón preferido de tu casa: el horno antiguo donde siempre yacía el vino en piedra.

La primera vez que entré en tu casa recuerdo decir: ¡de mayor quiero ser cómo tú! y…, cómo no, tu respuesta fue: …no me extraña, ¡yo también! …y entonces vino, pulpo Pereira y pan de ese mercado que tan bien recorrías… Recuerdo el día que compramos juntos lo necesario para cocinar la carne o caldeiro que disfrutamos en compañía de Gema, Pilar, Ester, Jorge y Álvaro; el mismo día que no nos permitimos olvidarnos de agarrar unos manojos de grelos a la par que la conversación, como otras tantas de las que tuvimos, discurría por el buen cauce: grelo es la versión galaica del grow inglés, la grelada, lo que ha crecido, y que se recoge para venderse como una man chea, una fullhand…

…y venga Nietzsche, y Adorno y que si “ciudad” es abstracto o no, y venga Omar y su soplo sempiterno y tú me envías el artista y los trenes de la muerte y yo te mando mis poemas y relatos… con dios zozobro, con la razón tropiezo… y delante de nuestro cubatita, pitillo en mano, frente a tu ordenata, jugamos a ofrecernos canciones el uno al otro mientras va llenándose de humo y candidez aquella tarde de Lucio Dalla, Kaltzoum, Milladoiro… y… no te lo dije, pero me sentía como si de nuevo estuviera sentado en tus piernas hace tantos años con una lupa en la mano escudriñando las viñetas de asterix y obelix… en la misma mesa… los mismos olores, tu misma respiración, y tus dedos anulares… ¿alguien se habrá dado cuenta de ellos?

Y es que nuestra historia ha sido un guión de encuentros y reencuentros, de saludos y despedidas… pero oye, ¡como el último ninguno! Al final… ¡lo bordamos! Hace años nos despedimos en la estación de autobuses de Oviedo: “hasta la próxima copa” nos dijimos… y así hicimos hace otros pocos: botella de hierbas, tabaco y nuestros ojos…

Y es que…

… me quedo con tu lacón con grelos, me quedo con el arroz al horno que te hice, me quedo con tus Topica, me quedo con Corina y Methea, me quedo con la cama de sarmientos que hacías para que el queso respirara… con el silencio de Cornide, me quedo con mis brazos agarrados a tu cuerpo andando por Doctor Teixeiro camino al colegio, me quedo con las puestas de sol en La Guardia, me quedo con las llonganissas de pascua que nos tapeamos juntos… con el olor a eucaliptus, con las pandeiradas todas, con la música iraní, me quedo con el chiste que os conté el 10 de febrero de 2015… las risas se oyeron y Chulí también vibró…

Me quedo con ese feudo vuestro maravilloso, el de los héroes sabios de entretiempo, el de los que señalan e indican los pasos mientras quedáis por cunetas y veredas a la sazón de toda armonía natural… observando con la crítica lo que los demás admiten por costumbre…

Chaval… menos mal que nos dio tiempo a tomarnos un vino bajo tu parra silenciosa…

Titiño