Somos memoria

Antonio Lage Tesouro

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 Somos memoria, una memoria que nos permite reconstituir nuestra historia desde el presente que ya se fue, que nos conforma en todas las acepciones de la palabra  y que tiñe la realidad de una subjetividad que la cuestiona dejando un vacío que confiere fugacidad a la realización de nuestro deseo.

                Nacemos desalmados. Un cerebro virgen, pero sensible que solo puede soportar la  explosión del exterior en el colo de nuestra madre, que la amortigua y nos hace recordar (ya está ahí la memoria) la mínima tensión en que vivíamos antes del nacimiento. Nuestro llanto la llama, pero también lo sentimos y nos damos cuenta, sin saberlo, que tiene que ver con nosotros. Nos comenzamos a sujetar a algo que luego será el sujeto. Empezamos a animarnos. Luego aparece el balbuceo, antecesor de la palabra que termina asignándonos un nombre propio. La palabra nos introduce en el orden simbólico, poco a poco, por lo que hablamos siempre de lengua maternal. Pero la palabra tiene las limitaciones del diccionario propio y, aunque el juego de los significantes puede ser tal que haga imposible las traducciones,  siempre hay algunas de la lengua materna que nos marcan en una realidad primitiva. ¿Qué es el colo sino la verificación de lo que digo? Es mucho más que el regazo, como suele traducirse.

                Y también está la imagen. Aprendemos a ver también muy lentamente. El triángulo ojos-boca de la madre introduce la primera sonrisa. ¿Es la primera manifestación del goce?

                Pero el niño no se ve a sí mismo. Siente su cuerpo no como unidad sino como pedazos de dolor o de alivio. No se reconoce en el espejo hasta que tiene entre un año y año y medio. Cuando entonces se ve en el espejo, desde el colo de su madre, se ve entero, como la ve a ella. Mira al espejo, se ve a él y a la madre, gira la cabeza para ver a la madre en directo y también aquí sonríe. Se reconoce como unidad. Ahora comienza a sujetarse también a la imagen. Ya está más animado.

                El entrecruzamiento de la imagen y la palabra configuran nuestro mundo. Pero así como el mundo de la palabra está limitado por el diccionario, el mundo de la imagen está  limitado por el ojo. Queda un resto, que no se puede poner en palabras ni en imágenes, presencia de ausencias. Existe pues un vacío y la realidad que nos creemos es una ficción que rellenamos con nuestra memoria, memoria compuesta por huellas, presencia de ausencias, conscientes,  e inconscientes (la mayoría) que dejaron los momentos de goce y sufrimiento de nuestra historia. La realidad-ficción que nos construye nos coloca en una posición única desde la que vemos el mundo, nuestro mundo, único y diferente, único y diferente para cada uno. La percepción se enlaza siempre con una huella, tiene algo de déjà vu.

                La globalización insiste en lo  único. La individuación en lo diferente. ¿Cómo se conjugan? ¿Se pueden conjugar en esta actualidad que nos desborda?

                Una de las maneras puede ser a través de los lazos sociales. Salvar el territorio. Lazos que, volviendo al principio, con la madre, con la familia, con los iguales nos conforman a través de la palabra y de la imagen. La lengua materna compartida desde el colo, la madre tierra, que es fondo de paisaje de nuestra memoria, se traduce en identificaciones que nos ayudan a compartir nuestra profunda soledad. Salvar el territorio, los que nos une en este foro, no es conservadurismo, es necesidad de pervivencia.

                Marx inventó la plusvalía. Lacan el plus de goce. Y creo que hay algo de este plus de goce en la emoción de nuestro paisaje conservado. Un amigo visitó por primera vez una playa idílica de Menorca. De espaldas al mar, buscó plantas. Encontró unas y dijo: ”Igual que en Laza” Quedó tranquilo, se reafirmó como sujeto y ya pudo mirar.

                En la calle principal de mi pueblo, Carballiño, escribieron versos de Rosalía. Fernando Blanco, compañero de infancia, había propuesto rehacer el canalillo, delante de los soportales hacía el río por el que bajaban nuestros barcos. No lo hicieron. Pintaron los versos de Rosalía que se están borrando ¿Por qué no los grabaron en el perpiaño?

                Memoria de piedra. Petroglifos.

                Había escrito hasta aquí y, adormecido en las noticias pospandriales escucho una  sobre lenguas que se estaban muriendo ya que no quedaban personas que las hablasen. Y dicen: “cuando una lengua se muere, se muere una manera de ver el mundo”. Me acordé también de que en mi época de estudiante, metido más en berenjenales de ardor patrio, que en estos en los que me pierdo, se habló de la muerte de la única mujer que hablaba córnico, una de las lenguas celtas.

                Después de la palabra vuelvo al paisaje, a la imagen dando otro rodeo.

                Escribí antes sobre el vacío, el hueco que queda,  que no se puede poner en palabras ni imágenes. Pero no del todo así. Sabemos que existe. Su invención fue necesaria para entender el sentido del síntoma, la locura y la angustia. Pero creo que también hay algo de aquí que se cuela entre las palabras en la poesía, entre significante puro de la música y entre lo espiritual  del arte, del que sobre todo en la pintura nos habla Kandinsky.

                Hace muchos años escuché a un personaje, de saber respetado, algo, no sé si anécdota o realidad. Pero no importa. Viene al caso. Decía que en Nueva York (estoy hablando de los años ochenta) había una tertulia de gente de alto nivel intelectual, con premios nobel incluidos, que se plantearon el tema de la razón por la cual Dios había hecho el mundo. Concluyeron que buscando la armonía.

                Este paisaje ligado a nuestros recuerdos infantiles, ¿tendrá que ver con esa armonía? ¿tendrá que ver con nuestra morriña?  Ayer, una amiga de Aragón me comentó que había estado en Galicia dos veces: la primera hace veinticinco años y la segunda, recientemente, y dijo que en el último viaje le parecía triste. A mí, que retorno a ella cada año, me parece un hermoso animal herido: los incendios, el feísmo, la arquitectura de Carballiño (que también tiene un plus).

                 Heridas en la armonía de la madre tierra.

 

Menorca, Mayo 2014

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