Una de incendios

Arbustillo

 pdf

Ramiro Míguez Torreiro  no es un personaje en  su aldea. Frecuenta la taberna y a sus amigos todas las noches, y lleva una vida normal, si por normal se entiende levantarse todos los días con el sol, trabajar la tierra y llevar el ganado. Antes lo hacía su mujer pero ahora, viudo y sin hijos, se ocupa él mismo del campo. Su leira es pequeña, aunque tiene monte arriba dos cortiñas de tierra que heredó de sus padres. Hoy hace calor, va a empezar la primavera y el campo esta ya verde y crecido, Ramiro además tiene algo de ganado y le gusta llevarlo a su fincas, a pastar lo que pueda.

Tiene que limpiar el monte o la primavera se le echará encima como le ocurrió hace dos años. Entonces fue peor, el fuego sacudió la zona, pues Andrés, el de abajo, se descuidó en la vigilancia de su cercado y ardió todo el monte, y quedó pelado. Menudo susto, el fuego llegó hasta las casas y algunos tuvieron que desalojarlas, pero no pasó nada, enseguida vinieron los de extinción, dos helicópteros y las brigadas de tierra, y entre todos en menos de dos días acabaron con el fuego.

Al propio  Andrés le preguntaron quien había sido, y respondió que cómo iba a saberlo. A Ramiro también lo interrogaron, y claro, no les iba a decir a todos que había sido el Andrés, que se metan en sus cosas.

Hoy hace calor, el campo está sucio, Ramiro no ha ido a ninguna parte a pedir permiso para la quema, está harto de tanto papeleo, total ayer quemó la Ramona y no pasó nada, no se enteró nadie y ya está, sin mas problemas, el monte limpio.

Claro que ha leído los periódicos que hablan de la cantidad de incendios de estas semanas, pero eso son exageraciones, o gente con malas intenciones, además él solamente va a quemar su propiedad, y quién le va a decir al hijo de su padre lo que puede y lo que no puede hacer dentro de sus tierras.

Se ha acercado como todos los días, y ha visto que en los terrenos colindantes al suyo, la familia Cordeiro que ya no viene nunca por el pueblo, salvo en vacaciones, tiene todo el campo descuidado y los matojos, las xestas, los toxos y los arbustos invaden lo que antaño fuera un espacio franco y cuidado.

A Ramiro no le gustó lo que pasó el otro año pasado con Andrés, que se lo llevaron detenido. Después le preguntaron a él mismo si reclamaba algo, pero qué iba a reclamar si Andrés no hizo nada que él no hubiera hecho. Lo soltaron enseguida, fue a declarar al juzgado y después a casa. A Andrés todavía no le ha llegado la multa que dijeron que le iba a caer.

Antes sí que se quemaba el monte, recuerda cuando pequeño haber acudido muchas veces a apagar fuegos en los alrededores, con todos los vecinos. Ahora no hace falta, enseguida vienen los de la Xunta y lo apagan todo, hasta lo que no es necesario . Lo de Andrés fue un caso de auténtica mala suerte.

Hace calor y todo está seco, arderá mejor acumulando un poco de matorral en el centro y luego con cuidado y con una forcada ir controlando que nada se escape a su control. Ramiro lleva muchos años haciéndolo y no ha tenido nunca problemas. Conocía al loco Juárez, que se dedicaba a ir por ahí con una colección de mecheros y se embobaba viendo el fuego. A él eso no le pasa, el fuego le fascina, es cierto, pero no llega a entender que alguien sienta placer por el mero hecho de ver una llama. El controla, como ha controlado siempre, conoce al fuego, que es unas veces traidor y otras fácil, unas amigo y otras rival o hace lo que quiere. Sabe que el Juárez está en Alicante en un hospital cerrado, lo metieron allí después de un juicio que no llegó nunca a celebrarse,  un jurado dijeron. Lo citaron como testigo en Coruña pero no tuvo que declarar nada. Menos mal porque lo hubiera pasado mal delante de tanta gente y delante de todos aquellos abogados y cree que delante del juez.

Porque no le pensaba contar lo que todos sabían, que al Juárez, que está loco desde pequeño, lo habían mandado a quemar aquello los de siempre, los del ganado, que sí sabe quiénes son pero no puede decir más. Porque eso sí que no son cosas suyas, y no se va meter en cosas que entiende, y que entiende muy bien pero no son problema suyo.

Ramiro tiene un mechero plateado que rellena con queroseno, no fuma hace años pero no se separa de él, quemar es fácil, basta acercar la llama al montón seco preparado ,  y esperar. Hoy no van a hacer falta muchos intentos, hace calor y todo está seco, lleva todo el año sin llover y ya se acumula la sequía del pasado, qué diferencia con el año de Andrés que estuvo cinco meses lloviendo  sin parar. Ramiro está ágil para sus años y confía en que no le va a pasar nada. Conoce al agente forestal un buen muchacho, simpático, antes trabajaba solo algunos días y después lo hicieron fijo estos de la Xunta.

Se había levantado viento en la zona cuando Ramiro terminaba de hacer la quema.  Tal y como venía haciendo habitualmente para apagar los restos del fuego, sin adoptar alguna otra precaución, echó las cenizas de los bordes de la hoguera, con tierra, sobre el fuego que aún quedaba. En ese momento Ramiro se da cuenta de que el fuego “se le escapó″. Fue entonces cuando recordó que no había llovido desde hacía días, y se dio cuenta de que no había adoptado ninguna otra precaución, de que estaba  sólo y de que no había hecho un cortafuegos. Intentó apagar el fuero, pero no lo consiguió dada la altura que alcanzaron las llamas, propagándose a las zonas colindantes debido al fuerte viento que se había levantado.

Ramiro dudó si llamar o no a alguien o avisar a las autoridades, pero no llevaba teléfono y tampoco podía bajar a la aldea y dejar que las llamas se extendieran, así que esperó, intentando desesperadamente ir apagando lo que podía, él solo, medio mareado. Sin saber cuánto tiempo había pasado, vio que llegaba gente por la cara norte del monte y cómo pronto había brigadas ya afanadas en las tareas de extinción del fuego.

El incendio fue finalmente controlado sobre las 16.00 horas de la tarde, siendo preciso para su extinción la actuación de 4 helicópteros de extinción de incendios, 1 hidroavión, 4 agentes forestales, 30 personas de la Consejería de Medio Ambiente de la Xunta de Galicia, parques de bomberos de las localidades de  los alrededores, unos 165 tractores y unos 200 vecinos voluntarios, así como miembros de la Guardia civil. A consecuencia de la gravedad del incendio hubo que realizar cortes alternativos de tráfico entre los kilómetros 144 y 145 de la N-340, y cortar el fluido eléctrico en una línea próxima de alta tensión, teniendo que procederse al desalojo del personal de la gasolinera sita en el Km. 144,500 de la citada carretera ante el inminente peligro de explosión, dado que contaba con unos 400.000 litros de combustible, siendo extinguido el fuego por la actuación de los bomberos y voluntarios a escasos 5 metros de la misma. A consecuencia del incendio se quemaron 55 hectáreas de terrenos forestales, terrenos correspondientes al polígono núm.008 que pertenecían a un total de 35 propietarios.

Ramiro fue detenido al día siguiente.

descargar pdf

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Website