La pedagogía social como programa político, 1926. Ortega y Gasset

Nota de lectura: Federico López Silvestre

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A terra é a patria, e a patria remite ao patriotismo. O problema é que equivocamos a diario o sentido dos termos patria e patriotismo. Evidentemente, a etimoloxía remite ao ‘pater’. É por iso que tendemos a pensar que o patriotismo, como as leis de patrimonio, consisten soamente en protexer a erdanza. Debese dicir que isto é falso. O patriotismo é facer patria, e facer patria é pensar coma un pai. Agora ben, como é que pensa un pai? Un mal pai pensa só en sí mesmo, pero a maioría do que a xente entende por ser pai consiste en pensar nos fillos. Así, facer patria debería consistir en pensar nos fillos. Pensar nos fillos é poñerse na súa pel, acordarse dos seus problemas, considerar o seu futuro. Posto que a terra é a patria, e a patria é o futuro, falar da terra debería ser falar do futuro. O respecto, un vello texto de Ortega:

Hay dos maneras de patriotismo: es una, mirar la patria como la condensación del pasado y como el conjunto de las cosas gratas que el presente de la tierra en que nacemos nos ofrece. Las glorias más o menos legendarias de nuestra raza en tiempos pretéritos, la belleza del cielo, el garbo de las mujeres, la chispa de los hombres que hallamos en torno nuestro, la densidad trasparente de los vinos […], la ubérrima florescencia de las huertas […], la capacidad de hacer milagros insita en el pilar de la Virgen […], etc., componen una masa de realidades, más o menos presuntas, que es para muchos la patria. Como se parte del supuesto de que todo eso es real, está ahí, no hay más que abrir los ojos para verlo, resulta que frente a esa noción de patria no queda al patriotismo más que hacer sino asentarse cómodamente y ponerse a gozar de tan deleitable panorama. Este es el patriotismo inactivo, espectacular, extático, en que el alma se dedica a la fruición de lo existente, de lo que un hado venturoso le puso delante.

Hay, empero, otra noción de patria. No la tierra de los padres, decía Nietzsche, sino la tierra de los hijos. Patria no es el pasado y el presente, no es nada que una mano providencial nos alargue para que gocemos de ello: es, por el contrario, algo que todavía no existe, más aún, que no podrá existir como no pugnemos enérgicamente para realizarlo nosotros mismos. Patria en este sentido es precisamente el conjunto de virtudes que faltó y falta a nuestra patria histórica, lo que no hemos sido y tenemos que ser so pena de sentirnos borrados del mapa.

Por muy cumplida que sea la vida de un pueblo, tiene harto que mejorar. Esa mejora de la patria esperan nuestros hijos de nosotros para que su existencia sea menos dolorosa y más llena de posibilidades. La mejora de la patria, la perfección de la patria, es la patria de nuestros hijos, y por tanto, la verdadera nuestra si somos padres, no sólo en cuanto a la carne, sino en cuanto al espíritu y al deber. Entendida así la patria, es el patriotismo pura acción sin descanso, duro y penoso afán por realizar la idea de mejora que nos propongan los maestros de la conciencia nacional. La patria es una tarea a cumplir, un problema a resolver, un deber.

De aquí que este patriotismo dinámico y, como dice Gabriel Alomar, futurista, se vea precisado constantemente a combatir el otro patriotismo quietista y voluptuoso. Para saber qué debiera mañana ser nuestra patria tenemos que sopesar lo que ha sido y acentuar sumamente los defectos de nuestro pasado. El patriotismo verdadero es crítica de la tierra de los padres y construcción de la tierra de los hijos.

José Ortega y Gasset, La pedagogía social como programa político, 1926.

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