Cuando me desperté, el dinosaurio todavía estaba allí. ( Monterroso)

Álvaro García Ortiz

pdf

Para los aficionados al mundo de la ciencia ficción , o a la fantaciencia, como también la llamábamos, existía un subgénero de novelas o historias, que convinimos en denominar, “ después de la bomba”, del que  fue ejemplo y paradigma, no solo sustantivo, Franco Bonvicini (Bonvi), con sus historias denominadas “ Cronicas de después de la bomba”. En este tipo de historias o historietas se pintaba un mundo desolado en el que todo ocurría tras la guerra o la explosión de la gran bomba que deja abiertas la entrañas de la tierra y en el que sus habitantes, a menudo zombies o supervivientes afortunados,  se enfrentan a un mundo hostil y primitivo, y en el que el paisaje, la geografía de sus andanzas no son mas que el esqueleto de los edificios y las infraestructuras destruidas o semidestruidas por la hecatombe.

Traigo o intento traer esa imagen de mundo en descomposición, de esas ruinas inhabitadas, para intentar conectar la parte consciente de nuestra memoria imposible,  con todos esos edificios inacabados, ruinas de modernidad. Urbanizaciones fantasma, chalets semiderruidos ocupando la mejor parte de una ladera, una colina o la pendiente que da a una playa o un acantilado. Carreteras, o lo que queda de ellas, por la ampliación o mejora del trazado, esa curva excesivamente cerrada, ese pequeño puente, ese tramo completo que escondía un meandro de asfalto que acababa en una fuente, y que  daba sentido al antiguo camino ahora ignorado por los tiempos de las nuevas velocidades y necesidades de la circulación. Obras de almacenes sin techado, puertos en construcción, paredes de naves con bloques a la vista, polígonos solo proyectados con un enorme cartel casi oxidado que domina con colores ministeriales, europeos o locales, una explanada abierta en zanjas. Marcas de un mínimo intento humanizador o deshumanizador, según se mire, no finalizado.  Más edificios fantasma, amplias o menos amplias avenidas, rotondas sin salida, glorietas sin jardinero, tuberías sin agua, canales y cunetas disparatadas e inservibles. Y grandes obras, algunas destinadas a ser legendarias, siempre la mejor o la mas grande de… Las hay de todo tipo: esculturas a escala ciclópea, o novedades industriales, cómo no , en espacios privilegiados, la mas inaccesible colina, el lugar mas cercano al mar y menos degradado.

Pero ahora nos acecha otro escenario, otra bomba, la  crisis económica y de la construcción. Inmensas moles de cemento y hormigón, paralizadas por el tiempo, sin vida y sin rastro de futuro, que han generado monstruos y esqueletos inútiles.  Y si  lo trasladamos además a espacios públicos, a esa parte de la geografía que es de todos, a lo que representa el común, la costa, los espacios naturales, los hábitats, mas o menos nominalmente protegidos, los ríos y humedales, todo aquello que cedimos para que fuera convenientemente explotado en pro del desarrollo económico, cuyo fin justificaba el sacrificio de lo público.

Quizá por ello, al despertar del sueño de los Dioses, sólo queda la pesadilla de las ruinas. Quizá por ello podamos aprender que destruir cuesta demasiado y que los esqueletos de los dinosaurios han permanecido entre nosotros desde hace 230 millones de años.

descargar pdf

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Website