COSMOPOLITAS

Francisco Jarauta

Catedrático de Filosofía. Universidad de Murcia
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¬†Pocas √©pocas como la nuestra se han visto sometidas a procesos de transformaci√≥n tan profundos y acelerados que recorren por igual sus estructuras econ√≥micas, pol√≠ticas, sociales y culturales. Estos procesos, que han venido a interpretarse bajo los conceptos de globalizaci√≥n y mundializaci√≥n, son la causa de una nueva situaci√≥n planetaria, marcada por una creciente complejidad e interdependencia. Se trata de un nuevo orden del mundo que ha modificado cualitativamente el sistema de poder heredado de la Segunda Guerra Mundial, dando lugar a un nuevo escenario en el que son cuestionados buen n√ļmero de postulados estrat√©gicos, obligando a nuestro tiempo a un dif√≠cil esfuerzo reflexivo por explicarse e interpretarse a s√≠ mismo, con la intenci√≥n de una mejor comprensi√≥n de su propia multiplicidad. Bastar√≠a asomarse al debate sociol√≥gico de las dos √ļltimas d√©cadas para observar la intensa y apasionada dedicaci√≥n a observar los procesos, las transformaciones que los acompa√Īan y su posible futuro en una deriva compleja y dif√≠cil de pronosticar.

De acuerdo a la perspectiva adoptada, el an√°lisis se orienta en una u otra direcci√≥n. Unas veces, el √©nfasis recae sobre los efectos negativos que acompa√Īan a las transformaciones antes citadas. Estos efectos pueden individuarse por igual en niveles tanto antropol√≥gicos como estrat√©gicos. La identidad se ha convertido en una de las cuestiones m√°s problem√°ticas y dif√≠ciles de resolver en el mundo contempor√°neo. La relativizaci√≥n de los referentes culturales y simb√≥licos del mundo moderno ha convertido la identidad en una cuesti√≥n central, dando lugar a una reflexi√≥n cargada de una intensidad obsesiva (Z. Bauman), deudora de la p√©rdida de seguridades que acompa√Īa su problematizaci√≥n.

Igualmente acontece con lo pol√≠tico, una vez que su lugar, el Estado-naci√≥n, se ve superado por instancias de poder supraestatales, lo que conlleva un vaciamiento del espacio pol√≠tico cl√°sico. Este desplazamiento de lo pol√≠tico hacia otras instancias de poder obliga a redefinir los espacios de la pol√≠tica al igual que los de la democracia. La aparici√≥n de nuevos agentes econ√≥micos y financieros, capaces de supeditar al sistema de sus intereses las decisiones de los poderes pol√≠ticos ha problematizado una vez m√°s la autonom√≠a de lo pol√≠tico, para dar lugar a nuevas formas de dependencia que podemos ya observar a nivel planetario. Se trata de una crisis de lo pol√≠tico que adquiere una relevancia mayor cuando las decisiones acerca de la parte de la humanidad m√°s desfavorecida se ven cautivas del sistema de intereses econ√≥micos, regido por criterios ajenos a la defensa del bien com√ļn. Cuando U. Beck habla de sociedad del riesgo, nos remite en √ļltima instancia a la situaci√≥n radical derivada, por una parte, de la ausencia de mediaciones pol√≠ticas frente a la complejidad de los nuevos conflictos; y, por otra, por la generalizaci√≥n de un modelo de administraci√≥n del mundo, gestionado desde el inhumano sistema de intereses, ajeno a los fines morales que en la tradici√≥n moderna se hab√≠a constituido como horizonte moral. Fuera de √©l crece la barbarie que funda lo injusto, haciendo crecer los riesgos y sus consecuencias. Se trata de una situaci√≥n que exige y urge la creaci√≥n de una conciencia planetaria, capaz de plantear desde la perspectiva de la √©poca y sus dificultades un proyecto pol√≠tico que haga suya la nueva complejidad y que construya las mediaciones necesarias ‚Äďsujetos y pr√°cticas sociales‚Äď capaces de establecer una nueva orientaci√≥n del mundo actual.

Es √©ste el horizonte de la discusi√≥n y la cr√≠tica. Frente a la incertidumbre de la √©poca ‚ÄďBauman ha insistido en la g√©nesis y comportamiento de esta situaci√≥n‚Äď, se hace necesario un trabajo que posibilite una nueva perspectiva desde la que pensar la multiplicidad del mundo contempor√°neo, sus transformaciones y su futuro. Un futuro que ya est√° presente en los conflictos y tensiones actuales, pero que precisa de la intervenci√≥n de los nuevos sujetos pol√≠ticos atentos a la construcci√≥n de un orden del mundo, acorde con los postulados morales que la modernidad pens√≥ como fundamentales.

En este contexto de transformaciones globales y nuevos conflictos, los acontecimientos del 11 de Septiembre se han convertido en el referente simb√≥lico de un cambio de √©poca. Si una d√©cada antes la ca√≠da del Muro de Berl√≠n fue el hecho que explicitaba el final del siglo XX, los sucesos del 11 de Septiembre inauguraban dram√°ticamente el XXI. A este acontecimiento se ha respondido con una intensa y apasionada reacci√≥n. Las ideas que reg√≠an y orientaban los an√°lisis anteriores a esa fecha, de pronto, quedaron obsoletas y los augures del final de la historia se ve√≠an sorprendidos por la fuerza con la que se impon√≠an aquellos hechos. √Čstos, m√°s all√° de toda previsi√≥n, irrump√≠an con fuerza ins√≥lita en el escenario de la √©poca, que hab√≠a hecho de la globalizaci√≥n su horizonte econ√≥mico, pol√≠tico y cultural. Igualmente entraba en juego un dispositivo pol√≠tico nuevo a nivel planetario, conducente a la neutralizaci√≥n de riesgos y a la afirmaci√≥n de un poder planetario, instancia √ļnica e indiscutible del futuro orden del mundo.

Sin embargo, muchas otras preguntas e incertidumbres est√°n hoy sobre la mesa y hacen necesaria m√°s que nunca una reflexi√≥n y an√°lisis que acojan la complejidad del mundo contempor√°neo a efectos de un mejor entendimiento de sus condiciones. Nos hallamos ante una nueva realidad hist√≥rica que se ve obligada a revisar las t√°cticas dominantes a lo largo de estas √ļltimas d√©cadas de globalizaci√≥n. Una situaci√≥n que no ha sido evaluada en sus efectos y riesgos, al estar especialmente atenta a la defensa de los intereses estrat√©gicos y menos a los llamados ‚Äúefectos colaterales‚ÄĚ que, al final, pasan a ser dram√°ticamente los lugares por excelencia en los que se radicalizan los nuevos conflictos. Una mirada sobre el mundo actual nos muestra un escenario cada vez m√°s dram√°tico en el que los desajustes progresivos pasan a transformarse en condiciones l√≠mite, marcados por la importancia de aquellos pa√≠ses, v√≠ctimas de condiciones arbitradas desde otros intereses. Nos encontramos as√≠ ante una ‚Äúgeopol√≠tica del caos‚ÄĚ, como escrib√≠a recientemente Th√©r√®se Delpech. Son tres cuartas partes de la poblaci√≥n del planeta las que est√°n sometidas a condiciones de vida infrahumanas y a la imposibilidad de hacer frente a su futuro, conscientes al mismo tiempo de un futuro en el que se ver√°n agravadas en t√©rminos generales sus actuales condiciones de vida.

Frente a esta situaci√≥n, hay que construir nuevos dispositivos pol√≠ticos que nos permitan a su vez crear nuevas mediaciones frente a los nuevos conflictos y riesgos. Consiste en avanzar en una l√≠nea m√°s pr√≥xima a un nuevo cosmopolitismo pol√≠tico que a una polarizaci√≥n militar del mundo. La defensa fundamental de las instituciones internacionales como la ONU resulta hoy innegociable. Se trata, en efecto, de pensar desde una complejidad creciente a favor de soluciones que abracen el dif√≠cil contexto creado por el modelo de globalizaci√≥n desarrollado. La b√ļsqueda de ‚Äúotra globalizaci√≥n‚ÄĚ abre las puertas a interrogantes cr√≠ticos frente a los que hoy podr√≠an reconocerse como pragm√°ticas de un sistema atento m√°s a evitar su crisis que a superar sus consecuencias.

Ante todo esto ‚Äďla guerra de Irak ser√≠a un cap√≠tulo espec√≠fico a analizar en este ambiente de decisiones estrat√©gicas y crisis de lo pol√≠tico‚Äď, la constituci√≥n de un ‚Äúgobierno global‚ÄĚ es la √ļnica alternativa no s√≥lo a la guerra y a los conflictos internacionales, sino tambi√©n a la destrucci√≥n del planeta y de la especie humana. Regresa de nuevo a la discusi√≥n pol√≠tica el viejo proyecto kantiano ‚Äďel Kant de Zum ewigen Frieden‚Äď del cosmopolitismo como garante de un futuro moral para la humanidad, de una ‚Äúpaz perpetua‚ÄĚ.

El contexto de la discusi√≥n est√° abierto y hoy puede considerarse √©sta una de las tareas m√°s urgentes a resolver cara al futuro. Bastar√≠a asomarse a la amplia literatura sobre el tema para entender tanto su complejidad como el desaf√≠o que significa. Juristas, polit√≥logos, soci√≥logos y fil√≥sofos como Richard Falk, David Held, Ulrich Beck, Zygmunt Bauman, Danilo Zoilo o J√ľrgen Habermas son hoy referentes obligados para el estudio de las implicaciones y desarrollo de esta idea. Sin entrar en la discusi√≥n de los argumentos y posiciones ‚Äďno es √©ste el lugar‚Äď s√≠ quisiera recoger los aspectos centrales. Para Falk, un ‚Äúorden mundial justo‚ÄĚ s√≥lo puede ser garantizado pro un central guidance system que se oponga a los objetivos perseguidos por cada uno de los Estados. La consecuci√≥n de esta idea pasa por la expansi√≥n de una ‚Äúdemocracia transnacional‚ÄĚ radicada en la eficacia del derecho internacional, en la garant√≠a de la paz y en la tutela de los derechos humanos. La base social de la nueva estructura constitucional y democr√°tica no es otra que la naciente global civil society, constituida por la compleja red de iniciativas varias, particularmente las inspiradas en los movimientos ecologistas y de defensa internacional de los derechos humanos.

Para David Held el horizonte pasa por una ‚Äúdemocratizaci√≥n global‚ÄĚ de las relaciones internacionales que permitiera la construcci√≥n de un orden internacional fundado sobre principios constitucionales y democr√°ticos. El sistema de las Naciones Unidas contiene en s√≠ mismo la posibilidad de desarrollos jur√≠dicos y pol√≠ticos que avancen en la direcci√≥n de una gesti√≥n comunitaria de las relaciones internacionales. En otra direcci√≥n complementaria, Beck entiende que la realizaci√≥n de un nuevo cosmopolitismo debe apoyarse en las condiciones de una progresiva ‚Äútrans-nacionalizaci√≥n‚ÄĚ del mundo. Son las condiciones sociol√≥gicas y culturas del mundo actual las que a largo plazo facilitar√°n una comprensi√≥n postnacional de la pol√≠tica, del Estado, de la justicia. Bauman, por su parte, defiende la necesidad de un nuevo universalismo pol√≠tico que garantice la comunicaci√≥n y la comprensi√≥n de todos los hombres, pero que al mismo tiempo se construya sobre la base de una nueva forma de tolerancia y de reconocimiento de las diferencias culturales. La universalidad es la conditio sine qua non de una rep√ļblica cosmopolita y la √ļnica alternativa posible a las ‚Äúfuerzas ciegas, primitivas, err√°ticas, incontroladas, divididas y polarizantes de la globalizaci√≥n‚ÄĚ. Habermas, finalmente, insiste en la necesidad de reforzar las instituciones internacionales. La propuesta kantiana de un ‚ÄúEstado de derecho‚ÄĚ debe ser aceptada y radicalizada. Para Habermas, la construcci√≥n de un orden mundial pac√≠fico (Weltfriedensordnung) pasa a ser el objetivo primero de un cosmopolitismo activo que nazca de una nueva cultura pol√≠tica y de la transformaci√≥n de los sujetos pol√≠ticos modernos. La organizaci√≥n cosmopolita del planeta ya no es una quimera: la ciudadan√≠a nacional y la ciudadan√≠a cosmopolita tienden a fundirse en un continuum social y pol√≠tico que, como anota Zoilo, puede llamarse ya ‚Äúsociedad mundo‚ÄĚ.

La defensa de este ideal kantiano, interpretado desde las condiciones del mundo actual, se ve acompa√Īado de nuevos desaf√≠os pol√≠ticos. Es necesario plantear un nuevo ‚Äúparadigma pol√≠tico‚ÄĚ que haga suya la complejidad del mundo actual y todos aquellos efectos derivados del proceso de globalizaci√≥n. La construcci√≥n de una ‚Äúsociedad mundo‚ÄĚ (Weltgesellschaft) pasa por el reconocimiento de esta complejidad que en ning√ļn caso debe plantearse abstractamente, sino desde sus condiciones reales. All√≠ se encuentran las ra√≠ces de los nuevos conflictos, las tensiones de los nuevos radicalismos, las dificultades para mediar en la soluci√≥n de los mismos. Consiste en volver a construir una pol√≠tica capaz de hacer suyos los ideales morales nacidos en la √©poca moderna y volverlos a pensar de forma global, es decir, para toda la humanidad. Este proyecto s√≥lo ser√° posible si se articula a una mirada y concepci√≥n nuevas del mundo. A una historia global le corresponde una nueva gram√°tica de las civilizaciones, como dec√≠a Braudel, de las relaciones internacionales y de los fundamentos pol√≠ticos que rigen el mundo. Se trata de construir aquellas perspectivas y mediaciones que, acordes a la complejidad actual, hagan posible un nuevo estado del mundo, un estado m√°s libre, m√°s justo, m√°s humano.

Francisco Jarauta
Catedrático de Filosofía. Universidad de Murcia

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