Debate sobre o feismo

A  vueltas  con  el  feísmo  (2ª parte)

y  respuesta  a  Sergio  Remacha  Vecino

 Gerardo Pereira-Menaut

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 Efectivamente, el discurso sobre el feísmo no es ni puede ser un debate artístico sobre la belleza o la estética de los objetos. El (o los fenómenos) que llamamos feísmo es mucho más que objetos feos. Las construcciones de cualquier tipo y función, la disposición de éstas en el espacio y la relación de unas con otras, también ellas pueden producir montones, nunca mejor dicho, de feísmo. Es feísmo el automóvil o la nevera viejos ‘depositados’ en el monte cuando no se sabe qué hacer con ellos. Y podemos afinar un poco más: ¿no es feísmo destruir un jardín para hacer un parque infantil innecesario, en un lugar inadecuado para ello, por decisión de una o varias personas, aunque la norma las faculte para ello, de espaldas a los intereses de los ciudadanos? Con esto nos pasamos a otro feísmo, que ya no reside en objetos o realidades materiales, sino en actitudes de las personas, en su forma de proceder, en sus ideas. El fascismo es feo. ¿Se puede dudar?

 Pero hay mucho más. Las fotos que acompañan este texto podrían ser presentadas como (foto carátula) una instalación, un patchwork entrópico digno de un museo de la off-off-materialidad. La foto adjunta es talmente un ejemplo de cierta técnica constructiva extendida al menos en Alemania en los últimos decenios (más bien para pavimentos en lugares públicos). Esto no es retórica vacía: el colectivo Ergoesfera, accesible en internet,  proclama con toda convicción las bondades del feísmo de Galicia, su atractivo y su conveniencia, a la vez que enseñan la patita del buen humor. Desacralizar siempre está bien. ¿No es la queja sobre el feísmo un tic de burgueses desplazados de un contacto (perdido) con la naturaleza en su ocupación inmediata por parte de los grupos humanos con ella estrechamente simbiotizados?

 El certero texto de Sergio Remacha Vecino nos deja el terreno más despejado. No pensemos en objetos feos/no-feos, y sobre todo no pretendamos mirarlos en el panorama de los “juegos malabares que hacen los artistas”, como dice este autor para referirse al juego conceptual que distingue entre lo “artístico, anti-artístico, meta-anti-artístico”. Lo nuestro es más serio, desgraciadamente, y más complejo.

 En la Primera Parte de mi texto dejaba la puerta abierta a dos conceptos-fuerza que podrán ser muy útiles para darle más vueltas al feísmo y conocerlo mejor. Uno, el ‘paisaje psico-social’. El otro, ‘la autenticidad de un país’. Me conformaré hoy con ensayar una aproximación al primero.

 Entiendo por ‘paisaje psico-social’ aquel rasgo o conjunto de rasgos psicológicos individuales dominantes en una sociedad, lo que habitualmente llamamos ‘forma de ser’ de un pueblo o una colectividad. Se entiende que esos rasgos psicológicos individuales están muy determinados por el hecho de vivir en esa sociedad. Ejemplo: el gran estadista ateniense Pericles, en el siglo V a.C. afirma en un discurso famoso que los atenienses, sólo por el hecho de serlo, tienen una personalidad encantadora y son algo así como felices. Algo parecido sucedió en algunas repúblicas renacentistas italianas, como Florencia o Venecia. En todos estos casos, el individuo, al vivir para sí, buscando su propio interés, vive también para la comunidad, procura los intereses comunitarios. Se trata de la relación individuo-sociedad. En estos felices ejemplos el individuo ve a la comunidad como la garantía de su bienestar, de su libertad, su felicidad, su creatividad.

 En el polo puesto (uno de ellos, al menos), los países del socialismo real en el bloque soviético en los últimos decenios antes de la caída del muro (por lo menos). El visitante podía fácilmente percibir que los individuos veían a la sociedad (el Estado, podríamos decir) como un enemigo peligroso del que hay que huir, o al menos esquivarlo. Los ciudadanos se dedicaban a asegurarse aquello que individualmente les resultaba beneficioso, de espaldas a lo comunitario.

 ¿Cómo es la relación individuo–sociedad en la Galicia del feísmo? ¿Puede ayudarnos a entenderlo? ¿De qué se libera aquel paisano gallego de actitud pasiva, entre conformista y deprimido, aparentemente condenado a la pobreza, que unos años después de emigrar a América es un empresario dinámico y tiene tres hoteles y un burdel? (continuará)

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